Lo que cuesta seguir a Cristo

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“Misionero es aquel que deja sus seres queridos por un tiempo para que otros puedan estar con sus seres queridos por toda la eternidad”.

 “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo”. -Jesús (Evangelio de Lucas, cap. 14 v. 26,27)

Para todos los que alguna vez se han preguntado ¿qué tengo que hacer para seguir a Cristo? O ¿Cualquiera puede ser un seguidor de Jesús?  La versión Reina Valera de la Biblia nos da en palabras de Jesús un detallado balance para aquellos que se sientan confundidos al respecto y a partir del versículo 25 del capitulo 14 nos titulo el párrafo con la frase: “Lo que cuesta seguir a Cristo“. Es interesante pensar como llegaron a la conclusión de que esto que mencionó Jesús merecía llevar ese titulo pero la verdad acertaron. 3 veces en menos de 10 versículos se repite la frase «no puede ser mi discípulo» lo cual nos da a entender que lo que lo antecede son requisitos para poder serlo y como es clásico en el estilo de del Maestro, cuenta dos parábolas para explicar esta verdad y lo entendemos: Un hombre que comienza a edificar y no acaba y sufre la burla y un rey prudente que al observar su posible derrota envía una embajada de paz y se salva. Todo muy bien. Bueno no, al principio empezó con algo muy directo que ahora entiendo porque lo llevo a contar esos mini-relatos.

  A decir verdad, la palabra que más me sacude es esa, la que la mayoría de escépticos no puede concebir en boca de Jesús, si, es esa que también piensas: Aborrece. La Nueva Versión Internacional (NVI) traduce el párrafo de manera más amigable y dice «Si alguno viene a mí y no sacrifica el amor a su padre y a su madre […]». Ves, como que a los traductores tampoco le gusta eso de aborrecer, suena feo.

Hace años no me parecía congruente  aborrecer a mis padres que tantas cosas han hecho por mí, es más, pienso que quizás uno que otro fariseoque escuchó a Jesús decir esto, rápidamente vino a su cabeza el mandamiento «Honra a tu padre y a tu madre» y tachó a Jesús de blasfemo contra la Ley de Moisés, ¡Cómo aborrecerás a tus padres si son a los que les debes la vida! Jesús, puedo aborrecer mi propia vida pero a mis hijos y mi esposa…no, no puedo, tu me mandas amarlos como a mi mismo. ¡Que fuerte! Pero he aquí la clave y el meollo de todo lo que habla el Maestro. Si leemos todo el contexto del capítulo 14 te darás cuenta que Jesús estaba por subir a Jerusalén por ultima vez, es decir, estaba próxima su muerte y hasta aquí la gente pensaba que su libertador y mesías político había llegado y era Jesús, el humilde carpintero de Nazaret; de hecho los discípulos pensaban lo mismo que el resto de la gente (Marcos 10:35-45).

La muerte en la cruz sería la cúspide, el clímax del ministerio y misterio del Cristo y por lo visto Jesús quería dejar bien en claro lo importante de su misión y les relata el valor de las almas para Dios en los siguientes relatos del capitulo 15 (Parábola de la oveja perdida, de la moneda perdida y el hijo prodigo) y poco antes ya les había mencionado la parábola de la gran cena en la que expone su búsqueda por los gentiles. Ya puedes ver más claro, a la luz de esto que estamos comentando nos estamos dando cuenta que Jesús es muy radical, su pasión por las almas, por ti y por mi, le orilla a exigir a sus futuros discípulos que abandonen TODO, si TODO. Pero ¿Por qué? ¿Con qué autoridad lo exiges Jesús? Jesús tiene toda la autoridad para decir esto por el simple hecho de que él también tuvo que abandonar a Su Padre en el cielo para venir por 33 años a la tierra y al final él mismo ser abandonado por su Padre en la Cruz para poder salvar a todos los pecadores. -W o w- . Eso si es autoridad suficiente y bien dicen «Dios solo tuvo un Hijo y fue misionero».

Ahora, vuelve a leer el texto: Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. 

Te das cuenta, no hay otra razón en el discipulado de Jesús más que continuar su obra salvífica mediante la proclamación del evangelio para que gente de toda tribu, lengua y nación también le glorifiquen a Él por la salvación. Te animo: aborrece, toma la cruz y abandona tu propia vida, tal vez no te parezca cosa fácil (y la verdad que no lo es) pero cree, si, cree que tu también puedes ser un medio para que el sacrificio de Jesús alcance a las personas allá donde aún no le conocen.

Saludos y deseo que Dios dirija tus pasos y  te bendiga.

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