Benjamin Franklin, Sal en su tierra.

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“He vivido, Señor, mucho tiempo, y entre más vivo, más pruebas convincentes veo de la verdad que Dios gobierna en los asuntos de los hombres. Si un gorrión no puede caer al suelo sin su aviso, ¿será probable que un imperio pueda levantarse sin su ayuda?
Los Escritos Sagrados nos han asegurado que “Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican.” Firmemente creo esto; también creo que sin su ayuda concurrente tendremos éxito en este edificio político no mejor que los constructores de Babel: Seremos divididos por nuestros pequeños intereses locales parciales, nuestros proyectos serán confundidos y nosotros mismos nos convertiremos en una palabra que servirá de reproche y adiós para las edades futuras. Y lo que es peor, la humanidad pondrá este ejemplo de desesperación de los gobiernos establecidos por la sabiduría humana y dejados a la suerte, la guerra y la conquista.” -(Notes Of The Debates in the Federal Convention of 1787, Introduction, Bicentennial Edition, June 28, 1787, Reported by James Madison, With an introduction by Adrienne Koch. W. W. Norton & Company, N Y. London. (1987) pp. 209-210.)

“Y dijo (Josafat): « Señor, Dios de nuestros antepasados, ¿no eres tú el Dios del cielo, y el que gobierna a todas las naciones? ¡Es tal tu fuerza y tu poder que no hay quien pueda resistirte!” -2 Crónicas 20:6

En los países con democracia nos suele parecer que es el pueblo quien escoge a sus gobernantes, en los países con monarquía o dictadura nos pareciera que algunos son impuestos; cual sea el caso, la realidad es que Dios es quien quita y pone las autoridades, Daniel nos dice esto en su libro que lleva su nombre:

 El muda los tiempos y las edades; quita reyes, y pone reyes; da la sabiduría a los sabios, y la ciencia a los entendidos. (Libro de Daniel cap. 2 verso 21)

Si algo nos queda claro en todo este relato que nos narra la Biblia es, si, Dios es soberano. Él predestinó todos los asuntos de los hombres y de la tierra, o por así decirlo, todo lo que acontece en el curso de la historia es parte de su inmenso plan. Todo lo que pasa ahora, en relación con las “potencias” del mundo, sus líderes, sus guerras, sus economías, etc. son solo los ingredientes necesarios para la receta del Destino.

Entonces te has de preguntar ¿Si ya todo esta dicho, para que pues tanto esfuerzo? Pues, primeramente, si, aunque todo ya este dicho eso no quita el hecho de que mucho de eso dicho lo ignoramos y quizás la pregunta mas responsable aquí sería ¿Qué ingrediente soy yo en toda esta cocción? Pues te lo digo así como lo diría Jesús: Eres la Sal.

 »Ustedes son la sal de la tierra. Pero ¿para qué sirve la sal si ha perdido su sabor? ¿Pueden lograr que vuelva a ser salada? La descartarán y la pisotearán como algo que no tiene ningún valor. (Evangelio de Mateo 5:13)

Sal, este pequeño ingrediente, muy diminuto, pero que en cada receta es indispensable y sin el cual simplemente muchas comidas ni saben, ese es con el que el Señor quiere que nos identifiquemos. ¡Somos la Sal!

Así que dentro de todos los sucesos en el mundo, primero, aferrate a Dios, confía plenamente en Cristo y no te sueltes de él; y segundo, pues sé la Sal en el platillo donde Dios te puso (tu escuela, Ciudad, Trabajo, etc), tal como Benjamín Franklin lo fue en su país. Que Dios te bendiga!

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